Resucitar en tiempos de crisis.

 

 

Lo que sigue es un testimonio en primera persona:

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A pesar del caos actual, aún de la incertidumbre, la escasez permanente desde hace 4 años, el freno, la bronca, no crecer, ir para atrás, el tormento, el insomnio, el silencio la nada…impotencia.
A pesar de todo eso, acá está la esperanza, como un brote que renace en primavera, contra todo pronóstico, luego de un crudo invierno.
Fue la primera vez que sentí y siento una crisis económica en carne propia, con todo lo que ello significa, la primera vez que no les pasa a los demás y los miro con tristeza, me pasa a mí, a mi hija, a mi pareja, a toda mi familia. Y remarla es sumamente difícil, aunque reconozco que de tanto remar tenemos los músculos del aguante bastante desarrollados.

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Aprendimos a que no nos afecte tanto, a estar atentos al todo y prestar entonces especial atención a nosotros, nuestros vínculos de amor y contención, nuestras amistades y seres queridos.
El medio, la calle, ha sido y es hostil, la “gente” se tornó más entes replicantes que seres humanos. Así nos ha parecido, así lo vivimos estos últimos años. Mirarnos con desconfianza, más, creernos enemigos, no saber dónde están los no traidores. Sospechar, tanta energía derrochada. Mientras un par de tipos te rompen todo el país y toda tu vida.

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En aquel Diciembre de 2015 vivíamos en Palermo, alquilábamos un departamento.
A las 12 de la noche de ese 9 de Diciembre empezamos a escuchar fuegos artificiales, cantos, gente festejando, al fin la yegua se había ido. Y cantaban, y nos miramos en silencio con una pena que no habíamos sentido hasta el momento. Algo monstruoso estaba ya sucediendo, algo impensado, increíble, imposible. Pero allí estaba, ya había comenzado.
Al día siguiente fui al taller, que por entonces estaba en el barrio de Caballito, y mientras ordenaba algunas cosas puse un noticiero en la computadora, casi seguro tn… un rato antes mi madre me había dicho ” ¿viste qué linda la hijita? la llevaron a la asunción”. Ahí empezó para mí una grieta, un espacio sin solución con mi madre, festejando una especie de victoria, donde para mí todo era luto y tristeza. Festejaba ella que este tipo su mujer y su pobre hija eran una suerte de Kennedys.
Sentí todo ese día un pesar en el estómago que recuerdo ahora cómo se fue transformando, en nudo en la garganta, en palabras con amigos, en bronca verbalizada, en acción, en peleas, en otras cosas. Y una parte se fue endureciendo en mí, al tiempo que fortaleciendo, porque no tengo dudas de que las crisis traen muchas dichas, escondidas, que florecen casi a escondidas, como las papas.

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Pocos días más tarde, llegamos a casa, el depto de Palermo, y en la puerta de unos viejitos muy viejitos que vivían solos, había una faja, como de clausura. Imaginamos lo peor, que habían muerto, pero el horror fue un poco mayor, ya que llamando y averiguando supimos que se los habían llevado, a cada uno a un hospicio diferente, quedando todas sus preciadas cosas adentro del departamento.
No tenía que ver directamente con los acontecimientos políticos, pero sentimos que sí.
El señor era un comunista judío y su mujer su compañera de toda la vida.

Ir recortando gustos, comprando cada vez lo más barato, guardando en los bolsillos las ganas de hacer algún curso, algún viaje corto, comprar insumos para hacer cosas nuevas, mil cosas.
mil cosas recortadas, retrazadas, esperando. Y en el medio la vida, y en el medio lo simple, que va cobrando más y más valor.
Lo que no se compra, lo que nunca tandrán estos gusanos que vacían lo que es nuestro.



Ahora, la bronca ha quedado a un lado.
Es que ya no hay lugar para la bronca, ya todo está roto,
ahora sólo queda empezar de nuevo.
y con muchas ganas, si hay con qué.
Y caramba que hay.
Despunta un amanecer y las ganas infinitas de que los vientos sean al fin más propicios, poder ayudar, hacer algo más, hambre de que todo cambie, no solo el entorno inmediato,
hambre de sentir otra vez que no son todos sospechosos de una fantochada absurda donde ninguno de los seres humanos que me cruzo en el día a día se salva, así como está el bote, a pique.



Creo que sobre todas las cosas, lo que trajeron estos últimos años es que ya no puedo no mirar a los costados, qué está pasando a mi alrededor. Ya no hay burbuja.
Y no es sólo lo económico, sino todas la medidas, que afectan a mi país, a su tierra y sus cielos, a la gente que vive en él.
Así es que si bien no puedo afirmar que el macrismo me hizo peronista, puedo afirmar que nunca tuve tantas ganas de ser parte de una masa crítica, de ver caras felices en la calle, ningunx viviendo en la vereda, de ver que los negocios abren de nuevo, las fábricas, que algo está creciendo, en movimiento, otra vez.
Recuerdo que en 2003 me tocó por esas casualidades de la vida, estar en Plaza de Mayo cuando asumió Néstor. Era tanto el estruendo que me fuí, no disfrutaba en ese entonces, del barullo y la alegría popular, ni fu ni fá.
Pero algo pasó a partir de ese día.
Lo que siguió, los años que vinieron a continuación, coincidieron con muchos cambios positivos en mi vida. Esos cambios tuvieron una especie de pináculo con la creación de mi propio proyecto de arte, que di en llamar Amebaglam.
Amebaglam es hija del kirchnerismo, debo admitirlo. Nada hubiera pasado si ahora hoy día se me diera por empezar algo así, simplemente no hubiese tenido público.
La gente en 2010 tenía plata, y yo tenía laburo en relación de dependencia, y trabajaba tranquila en mi taller y me iba cada día mejor. Y así siguieron las cosas, hasta 2015.
En 2015 todo se empezó a caer, muy despacito en el caso de ameba, y en 2016 más rápido.

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Lo que cambió es que se hizo imperioso trabajar cada vez más, probar cosas nuevas, nuevas formas de llegar a la gente, y nos empezamos a preguntar, ¿es que a nadie le insteresará ya lo que hacemos?
Pero no, no era así, tardamos más de un año en entender. Había cada vez más apatía, la gente estaba en otra, así no más.
Y ahí en el medio, entre 2017 y 2018 entendimos que esto (la crisis) también iba a pasar. Y que tal vez era hora de probar realmente otras cosas, y dejar de tirar de la teta de ameba, que ya no daba más.  Así que cambiamos el perfil, pusimos las fichas de ameba a jugar de otra forma, y a buscar ingresos en otros proyectos más comerciales, más chatos, mas huecos, sin tanto espíritu, como ha sido el tinte general de estos tiempos, como los chocolates cada vez de peor calidad más chiquitos y más caros.
Al comienzo hubo resistencia, nuestra personal, pero una vez que cayó la ficha de que no hay otro camino y que además se trata de ampliar las trincheras para resistir con dignidad, dentro de lo posible, no lo pensamos más. Y acá estamos.


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Sabemos que siguen ahí, todes ustedes, vivas y vivos, esperando como nosotres, que soplen mejores vientos.

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Y sabemos que muy pronto nos vamos a volver a encontrar. Todxs juntxs.
La verdad, se les extraña mucho.
Les abraza fuerte fuerte,
AmebaGlam.

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